Un vestidor no es un armario grande: es una habitación que ordena tu día. Estas son las cinco preguntas con las que arrancamos cada proyecto en el taller.
1. ¿Qué guardas, exactamente?
Antes de dibujar, inventario: cuánta ropa colgada larga y corta, cuántos cajones, zapatos, bolsos, maletas. El interior se dimensiona con esa lista — no al revés. Un vestidor que se queda corto a los seis meses es un vestidor mal medido.
2. ¿Cómo te vistes?
¿Eliges la ropa la noche anterior o por la mañana con prisa? ¿Necesitas ver todo de un vistazo o prefieres frentes cerrados que tapen el ajetreo? De ahí sale la decisión entre vestidor abierto, batientes o correderas — y dónde va cada cosa.
3. La luz decide más que el acabado
La iluminación integrada que se enciende al abrir, las barras con luz y el tono cálido (2700K) hacen más por un vestidor que cualquier tirador. En La Alcayna la isla central funciona porque la luz perimetral la convierte en escaparate.
4. Qué se ve y qué no
Lo bonito a la vista (la isla, los estantes de bolsos), lo funcional escondido (cestos de ropa, plancha, maletas en altillo). Esa jerarquía visual es lo que hace que un vestidor se sienta de hotel y no de trastero.
5. Un sitio donde sentarse
Parece un detalle y es lo primero que se agradece cada mañana: un banco, un pouf, el borde de la isla. Si el espacio existe, lo diseñamos dentro del mueble.
¿Quieres ver estas decisiones aplicadas? Mira el vestidor de Villa Möet o cuéntanos el tuyo.







