Hay maderas que se ponen de moda y maderas que vuelven siempre. El nogal pertenece a la segunda familia: veta expresiva pero serena, un color que va del chocolate al miel y una forma de recibir la luz que ningún laminado ha conseguido imitar.
Un clásico que no grita
En nuestros proyectos —de La Alcayna a Agridulce— el nogal casi nunca es protagonista absoluto. Funciona mejor como voz grave del conjunto: una isla, una librería retroiluminada, el interior de un vestidor. Su presencia cálida y atemporal permite que lacados y piedras respiren a su alrededor.
Cómo lo trabajamos
Seleccionamos chapa natural de origen responsable y la casamos por vetas antes de prensar. Los cantos se rematan en madera maciza para que las aristas —lo primero que se toca y lo primero que sufre— envejezcan con dignidad. El acabado es un barniz mate de poro abierto: protege sin plastificar.
Tres consejos si estás pensando en nogal
- Combínalo con tonos tierra o azules profundos. El contraste con blancos puros lo endurece; con arenas y azules gana profundidad.
- Dale luz cálida. A 2700K la veta se enciende; con luz fría se apaga.
- No lo satures. Una pieza de nogal bien situada vale más que una habitación forrada entera.
¿Quieres verlo y tocarlo antes de decidir? Ven al taller: tenemos muestras de chapa, maciza y acabados para que compruebes cómo cambia con la luz del día.